Las actividades y propiedades divinas y humanas atribuidas a Cristo en la Sagrada Escritura y en los Padres no pueden dividirse entre dos personas o hipóstasis, el Hombre-Cristo y el Dios-Logos, sino que deben atribuirse al único Cristo, el Logos hecho carne. Es el Logos divino quien padeció en la carne, fue crucificado, murió y resucitó.
Temas
Escritura
- 1 Co 2,8
- Hch 20,28
Denzinger
- DS 424
Concilio
Nota
Communicatio idiomatum – Constantinopla II